García Márquez, Gabriel
Para Carlos Fuentes, Cien años de soledad es el Quijote de la literatura latinoamericana: «Como el Caballero de la Triste Figura, los hombres y mujeres de Macondo (de América) sólo pueden acudir a una novela -esta novela- para comprobar que existen». La reflexión del escritor mexicano secunda la afirmación de que Cien años de soledad es una larga metáfora histórica sobre el continente americano, una de las infinitas interpretaciones a que puede dar lugar toda obra literaria que alcanza una pluridimensionalidad incontrolable. Sin que el autor sea muy dado a autoclarificarse, dejando el oficio crítico para otros, a veces ha dicho que escribe sobre la historia y las historias de su familia, creo que dando a la palabra familia una significación de árbol genealógico generoso consigo mismo, con las ramas muy liadas con otros árboles, hasta adquirir la condición de selva. Pocas obras sorprendieron como ésta a una contemporaneidad lectora cuadriculada por la posnovela europea y norteamericana, de pronto obligada a leer, como si aprendiera a leer en los labios de un relatista que todo lo aprendió de otros labios. La magia de la escritura de García Márquez consiste en la portentosa falsificación de la facilidad de la narración oral empleando para ello toda la historia del artificio literario. El narrador se auto constituye en eslabón fugazmente transitorio de una sabiduría imaginativa de estirpe y de un saber contar educado por toda la tradición de la novela, se dé donde se dé, venga de donde venga. Que la falsedad del espontaneísmo de Cien años de soledad sea su mejor virtud técnica habla de la sabiduría literaria de un hombre capaz de escribir piezas tan maestras como Relato del náufrago o El coronel no tiene quien le escriba. Toda la controlada desmedida de Cien años de soledad es medida en el reportaje canónico, de canon, y en la novela de coronel. Sin esta capacidad de autocontentación educada en el lenguaje periodístico hubiera sido imposible dejar la escritura de Cien años de soledad en su justo límite, sin convertirse en una de esas riadas verbalistas a las que tanto nos acostumbra la meteorología y la literatura latinoamericana e incluso la española después del ejemplo mal asimilado de Gabriel García Márquez, al que dos mil años de novela le hicieron posible Cien años de soledad.
Tomado de:
VÁSQUEZ MONTALBÁN, Manuel. El escriba sentado. Ed. Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1997.
3 comentarios:
Me parece interesante, como Gabriel García Márquez recrea la historia de nuestro país en una época muy dificil, llena de violencia y problemas económicos, con unos personajes y lugares que tal vez nunca conoceremos, pero que siempre pensaremos reales. Es él, para mi, el único ser capaz de hacernos creer que lo inimaginario es posible!
García Márquez, Gabriel
Para Carlos Fuentes, Cien años de soledad es el Quijote de la literatura latinoamericana: «Como el Caballero de la Triste Figura, los hombres y mujeres de Macondo (de América) sólo pueden acudir a una novela -esta novela- para comprobar que existen». La reflexión del escritor mexicano secunda la afirmación de que Cien años de soledad es una larga metáfora histórica sobre el continente americano, una de las infinitas interpretaciones a que puede dar lugar toda obra literaria que alcanza una pluridimensionalidad incontrolable. Sin que el autor sea muy dado a autoclarificarse, dejando el oficio crítico para otros, a veces ha dicho que escribe sobre la historia y las historias de su familia, creo que dando a la palabra familia una significación de árbol genealógico generoso consigo mismo, con las ramas muy liadas con otros árboles, hasta adquirir la condición de selva. Pocas obras sorprendieron como ésta a una contemporaneidad lectora cuadriculada por la posnovela europea y norteamericana, de pronto obligada a leer, como si aprendiera a leer en los labios de un relatista que todo lo aprendió de otros labios. La magia de la escritura de García Márquez consiste en la portentosa falsificación de la facilidad de la narración oral empleando para ello toda la historia del artificio literario. El narrador se auto constituye en eslabón fugazmente transitorio de una sabiduría imaginativa de estirpe y de un saber contar educado por toda la tradición de la novela, se dé donde se dé, venga de donde venga. Que la falsedad del espontaneísmo de Cien años de soledad sea su mejor virtud técnica habla de la sabiduría literaria de un hombre capaz de escribir piezas tan maestras como Relato del náufrago o El coronel no tiene quien le escriba. Toda la controlada desmedida de Cien años de soledad es medida en el reportaje canónico, de canon, y en la novela de coronel. Sin esta capacidad de autocontentación educada en el lenguaje periodístico hubiera sido imposible dejar la escritura de Cien años de soledad en su justo límite, sin convertirse en una de esas riadas verbalistas a las que tanto nos acostumbra la meteorología y la literatura latinoamericana e incluso la española después del ejemplo mal asimilado de Gabriel García Márquez, al que dos mil años de novela le hicieron posible Cien años de soledad.
Gariel al escribir este libro, sin darse cuenta hizo un libro para todo tipo de lectores, es muy entretenido e interesante de leer. Además es bueno saber que apesar de lo que a susedio en el pais hay cosas que lo sacan adelante como es este libro al representar un lugar (desconocido pero que parece real)de Colombia como un lugar mágico lleno de historias y magnificos personajes que hacen que uno este viviendo el momento a media que lee el libro!
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